Volver a confiar
He tenido muy malas experiencias en el amor. Lo reconozco. No sé si ha sido cuestión de mala suerte o que tal vez yo buscaba de forma inconsciente a una persona que no me podía dar lo que necesitaba. Si hubiera ido a un psicólogo, él me lo hubiera dicho y tal vez me hubiera ahorrado muchos problemas. No lo sé. Lo cierto es que en mi pasado he encontrado a una serie de hombres que tenían un denominador común: la mentira. Eran auténticos profesionales o auténticos inútiles pero siempre me mentían. Unos, enlazaban una mentira con otras y la mantuvieron durante años, otros, se les pillaba a la primera. Lo cierto es que esa experiencia me ha marcado. Ha producido que yo sea una persona muy muy sincera, tal vez demasiado, que siempre dice lo que piensa y que huye de las mentiras a carrera limpia. Ahora he conocido a alguien y sigo “con la mosca detrás de la oreja”. Él hasta ahora no me ha mentido -o al menos eso creo- pero me siento como un detective que está constantemente examinando sus palabras para ver si encuentro un rastro de mentira. Tal vez, la otra noche cuando me dijo que no me llamó porque se dejó el móvil en el coche, o el otro día cuando me contó que se encontró a su ex pero que ni siquiera hablaron o el día que llegó tarde porque se le pinchó una rueda. Cualquier cosa me sirve para que nuevo la desconfianza surja de nuevo. No sé cómo controlarlo.
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