Separación de bienes
El otro día asistí a una boda. Por la iglesia, of course. La ceremonia no se terminaba nunca y claro, yo no era la única que empezaba a aburrirse. Había ido sola –uno de esos compromiso que no saben cómo esquivar-, y no tenía a nadie a mi lado con quien hablar. Así que la única distracción posible era escuchar. Sí lo reconozco coloque la oreja para ver que estaban diciendo mis compañeras de misa en el banco de atrás. El aburrimiento, el calor, la iglesia, que se yo. Pues bien una vez colocada la oreja, escuche que estaban comentando que la pareja que se estaba casando, es decir, el futuro matrimonio, habían decidido casarse en régimen de separación de bienes. Una de ellas se manifestaba a favor y la otra en contra. Según una de las invitadas,”casarse en separación de bienes es la mejor opción. Tú te casas porque le quieres a él, no porque quieres sus posesiones, ese es mi argumento”. “Ya pero se le pides que lo hagas así es porque no está seguro o segura de sus sentimiento. No lo verá como algo estable y por eso prefiere guardarse las espadas”, comentaba la otra voz. Yo pensé que haría si estuviera en su lugar y la verdad no lo sé, los dos razonamientos me parecían lógicos. “Un motivo más para no casarme”, pensé y me dí cuenta de lo afortunada que era por no tener dinero ni novio.
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