Amores de verano
Todos hemos tenido alguna vez un amor de verano. Alguien aparece en plena vacaciones, nos gusta y nos tiramos a por él como quien se tira a una piscina. Son amores que se caracterizan por su duración y la intensidad. Amores fugaces pero amores intensos. En muchas ocasiones amores que comienzan con fecha de caducidad, amores que sabemos que se quedarán limitados a una semana o como máximo a un mes. Aunque no hay que olvidarse de bonitas historia –recuerdo la de una pareja, él de Madrid, y ella de Cádiz, que después de cinco años están ahora felizmente casados, que empiezan en verano pero que perviven estación tras estación. Amores que se viven en muchos casos clandestinamente, escondidos de otra realidad que se han quedado a muchos kilómetros de allí. Aunque a veces esos amores de verano también se pueden vivir en plena urbe. Estamos solos –de Rodríguez, solían decir-, y buscamos a alguien que nos haga más llevadero el verano. Salimos con amigos a una de las innumerables terrazas que proliferan en las ciudades españolas y allí está él o ella. A veces son lo es necesario un cruce de miradas o unas sonrisas. Otras veces repetimos nuestra visita a la terraza día tras día con la ilusión de volvamos a encontrarnos y que alfil podamos cruzar una palabra o una saludo. Ese gesto que finalmente signifique el pistoletazo de salir para saber que hemos encontrado nuestro amor de verano. Sin duda, hay que disfrutar de él. Dure lo que dure.
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Es muy bueno lo que escrivistes y en mi opinion estoy de acuerdo
!
Lindo texto me gusto mucho y creo que todos se sentiran indentificados!! saludos